VALL D’ÀNEU, EL BAÑO DE BOSQUE PERFECTO

Catalonia, lugares, Spain

Como un gnomo abriendo la puerta de su minúscula casa, atravesamos las montañas a través de los túneles en dirección a los profundos valles de Los Pirineos. El horizonte se cierra y el sol se pone antes de lo previsto. Es junio y algunas cimas vistas desde la cuenca del río Noguera Pallaresa aún están espolvoreadas de nieve.

La húmeda y calurosa ciudad queda a años luz y poco a poco vemos ese baño de bosque tan necesario más cerca de nuestro alcance. Pararse, cerrar los ojos e inhalar ese inconfundible aire de montaña con aroma a tierra húmeda, mientras los rayos de sol esquivan hojas y ramas. Los japoneses dicen que salir al bosque a dar un paseo es terapéutico y lo llaman shinrin-yoku. Tal vez los humanos siempre hayamos tenido una estrecha conexión con la naturaleza por ese efecto revitalizante en nuestro cuerpo y nuestra mente. Volvemos al origen y nuestro yo más ancestral se relaja: “bienvenido a casa”, nos dice. 

Paseo por el Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici

Los pueblos de la Vall d’Àneu, como Isil o Borén, son tan pequeños que desde la entrada de cualquiera de ellos ya se puede divisar su salida y, sus casas, hechas de piedra y pizarra, se camuflan en el patrimonio natural de esta sub-comarca leridana. La localidad más grande no tiene más de mil habitantes, aún así, Esterri d’Àneu ejerce de capital, disponiendo de todos los servicios que se puedan necesitar y funcionando como punto de encuentro para habitantes y viajeros. 

Sorprende ver localidades con nombres de origen vasco como Unarre o Isavarre. Pero todo tiene explicación, y es que el lingüista Joan Corominas sostuvo que el habla euskera estuvo presente y se mantuvo en esas tierras hasta el siglo X d.C. Que hoy en día aún queden sus trazos en este territorio no hace más que recalcar el aislamiento del valle y sus residentes, con localidades que además superan los mil metros sobre el nivel del mar. 

Vistas de Borén desde el otro lado del Noguera Pallaresa

Bosques, praderas alpinas y lagos rodean a estos pequeños pueblos con siglos de historia y son el conjunto perfecto para sentirse renovado. La Vall d’Àneu ofrece un sinfín de posibilidades para disfrutar de la naturaleza, desde pequeñas excursiones para descubrir pueblos abandonados como el de Àrreu hasta el descenso de barrancos, pasando por el esquí de montaña o paseos con raquetas de nieve. 

Cuando la temperatura empieza a descender a la vez que el lo hace el sol, el valle nos brinda la oportunidad de ver ciervos y corzos y, quién sabe, tal vez algún rebeco, tan típico de estos bosques. Otro de los iconos de la Vall d’Àneu es el oso pardo, que gracias a los proyectos de conservación de la especie, ha conseguido recuperar territorios antes perdidos. Un encuentro con un oso pardo no es aconsejable, pero en Isil podéis visitar La casa de l’ós bru, centro de interpretación donde podéis aprender todo sobre estos grandes mamíferos. 

Y hablando de iconos, no podemos obviar el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Este territorio con origen glaciar lo encontramos a partir de los 1600 metros de altitud, cuatro de sus picos superando los 3000 metros. Más de 200 lagos de distintos tamaños y colores salpican el Parque Nacional, junto a ríos, riachuelos y cascadas. Todos estos elementos conforman un paisaje único en esta zona de Europa; si no habíais oído nunca hablar de este parque, creeréis que estáis en un lugar mucho, mucho más lejano. 

Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es ideal para sumergirse en la naturaleza alpina a todos los niveles. Para los más aficionados al senderismo, hay rutas de hasta varios días, con la opción de alojarse en los refugios de montaña de la zona. Excursiones cortas y de poca o media dificultad son perfectas para los que hagan una pequeña escapada al valle, también teniendo la opción de reservar excursiones con taxi 4×4 que llevan a visitantes hasta estanques como el de Amitges y el Negro, ambos a 2.400 metros de altitud.

Lago de Sant Maurici del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici
Estanque de Ratera

Queda patente que éste es un lugar perfecto para desconectar, o más bien dicho, para conectar. Para conectar con la naturaleza, con el paisaje, con nuestra comunidad rural y con nosotros mismos.

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